Así como la Historia se escribe de manera colectiva (aunque los héroes en los manuales sean pocos), las películas también (aunque el guion lo firme uno solo). Cuando una película nos conmueve lo hace porque fue pensada y llevada a cabo por una enorme cantidad de individuos que formaron un equipo dedicado a eso: emocionarnos.

Hoy quizás el mejor ejemplo que podemos encontrar en el país que habitamos acá en el fin del mundo, es el de nuestra selección nacional de fútbol dirigida por Lionel Scaloni y protagonizada por Lionel Messi. La buena dinámica de producción cinematográfica debería ser como ese grupo fantástico que viene siendo imparable a fuerza de trabajo en equipo, diversión, amistad y respeto (o como escribió Nicolás Otamendi en sus redes: “Constancia, disciplina, dedicación, sacrificio”). Se percibe un espíritu solidario: el sufrimiento ajeno es el propio y la alegría propia es la ajena. La Selección Argentina compone todo un plantel de personas dedicadas a emocionarnos. Pero antes, esos jugadores se dedican a emocionarse ellos mismos. 

Es preciso pensar de esa manera cuando participamos en una película. Aunque nuestro rol de guionistas parezca solitario, así no tengamos otros compañeros de equipo en el área, lo que escribimos pasa a un equipo de rodaje. Nuestro aporte es parte (fundamental, pero parte) de toda una cadena de producción creativa.

Estuve pensando la vez pasada acerca de “escribir con voz propia”, dando vueltas a la idea de ella creación colectiva, pero ver a la selección argentina jugar me trajo de nuevo hasta acá para indagar en la cuestión del equipo: esa suma de partes definibles pero que forman una totalidad única; batallando por un mismo objetivo; poniendo más garra frente a un líder caído; con un conductor que sabe leer el contexto y hace cambios definitorios; con un balance poco habitual entre emoción, inteligencia y capacidad de asombro; y, sobre todas las cosas, brindando un espectáculo emocionante y real. Así debería ser el cine. 

Cada integrante de un equipo cinematográfico tiene un rol. Cuando esto lo tienen claro todos, cuando respetás al que tenés al lado y te das cuenta de que sus aportes te hacen crecer y así das lo mejor de vos, cuando el director o directora también es consciente de esta sinergia de equipo y se brinda a las libertades creativas buscando lo mejor de cada uno para lograr el mejor resultado posible… cuando todo eso se da, nos acercamos un poquito a lo este grupo de pibes viene demostrando en la cancha. Es cuestión de ser conscientes de que estamos creando un espectáculo visual y de saber que ese espectáculo tiene un enorme poder emocional en el cual el público deposita mucho de sí. Por eso nos dedicamos a esto, por eso dejamos nuestras ideas y nuestras emociones (nuestras vidas) en esas historias. 

Cuando encuentro todo eso escribiendo una película, pienso: “Me hice guionista porque no se puede ser feliz en soledad”.


Suscribite a ESCRIBE MONSTRUO ESCRIBE Guion de Cine Fantástico – Newsletter


¿Querés sumarte a mis workshops y seminarios?


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *