La Virgen de la Tosquera (Casabé, 2025) no es una adaptación, son dos. Está basada en un cuento que lleva el mismo título y en otro llamado “El carrito”, los dos del libro “Los peligros de fumar en la cama”, de Mariana Enriquez.
Hoy todos queremos adaptar a Enriquez, pero cuando Laura Casabé empezó este proyecto, apenas existía algún manuscrito de la novela que le daría a la autora renombre mundial: “Nuestra parte de noche”. Eso convierte a esta película en la muy esperada primera adaptación de la bestia de nuestro terror moderno.
Lo magnífico, para ir al punto, es cómo el guionista Benjamín Naishtat y la directora Laura Casabé transforman el relato escrito en cinematografía, por medio del reemplazo. Lo temporal es lo reemplazado en principio, porque la historia original de La Virgen de la Tosquera tuvo como disparador la crisis de 1989, mientras que la película sucede en 2001. Guionista y directora llevan a los personajes hacia un terreno propio, eligen la crisis que marcó su adolescencia/juventud, el mismo proceso que inspiró a Enríquez pero reemplazando crisis.
Pero hay más grandes aciertos en esta adaptación. El cuento original está narrado en primera persona desde la voz de Natalia, la protagonista. El lector asiste a la transformación de este personaje junto a ella, aunque también sintiendo que Natalia le oculta cosas. ¿Cómo hacer de eso un recurso cinematográfico? Naishtat no recurre a la voice over, creando algo aparentemente omnisciente, y Casabé juega a dos puntas: propone una cámara que transmite lo que le sucede emocionalmente al personaje, al mismo tiempo que no permite entrar del todo en sus pensamientos. El resultado es una nueva versión, cinematográfica y potente, de lo que Enriquez plasmó inicialmente.
Y ese origen, o esa esencia del relato original, es el verdadero tema acá. Porque adaptar no es sencillamente (como si fuese sencillo) reemplazar recursos, deviniendo de literarios a visuales en movimiento. Adaptar es volver a inventar una forma con un nuevo lenguaje para contar lo mismo (o una interpretación de aquello). O sea, poniéndonos en rol de adaptadores, sería pasar por nosotros mismos, y nuestro medio expresivo, esas ideas y emociones que nos conmovieron del texto.
Enriquez tiene algo que la hace gigante, lo cual explota tanto en “Los peligros de fumar en la cama” como en “Las cosas que perdimos en el fuego”, que es la capacidad de construir un terror que late desde el interior de los personajes hasta que emerge monstruoso y con furia. Lo sobrenatural está esperándonos siempre en algún lado y, lo terrible, es que lo sabemos y vamos a su encuentro. Naishtat y Casabé logran darle a ese proceso particular del horror una forma cinemática por momentos hipnótica. La manera en que la información va emergiendo; la ansiedad adolescente contenida en cada secuencia; el monstruo que Natalia va construyendo como enemigo mientras en verdad crece el propio; todo eso va siendo armado pieza a pieza, con imágenes en movimiento.
De eso se trata adaptar un texto literario a la pantalla.
¿Querés saber sobre mis SEMINARIOS Y WORKSHOPS?
Si querés consultarme o necesitás acompañamiento para tu guion, escribime y hablamos.
Suscribite a ESCRIBE MONSTRUO ESCRIBE Guion de Cine Fantástico – (anti)Newsletter