Hay una pregunta que vuelve cada vez que uno intenta escribir, filmar o pensar el cine de aventuras: ¿cómo se cuenta la película de aventuras perfecta?

Cómo armamos una historia que logre arrastrarnos, sostenernos y soltarnos exactamente cuando tiene que hacerlo. Cada vez que vuelvo a Indiana Jones y el Templo de la Perdición, flasheo con esto.

Siempre me provocó una comparación entre las películas originales de Indiana Jones y la diferencia histórica entre el cine de Charles Chaplin y el de Buster Keaton.
Chaplin parecía usar la comedia como un vehículo para decir algo más: meterse de lleno en temas sociales, emocionales, políticos, y dejar una reflexión concreta. Keaton, en cambio, daba la sensación de entregarse a la pureza de la comedia, a la comedia por la comedia misma. Aunque eso no fuera del todo cierto —porque Keaton también decía muchísimo—, me atrevo a decir que su trabajo hablaba desde el género, no utilizándolo necesariamente como medio para otra cosa.

Algo muy parecido ocurre dentro de la propia saga de Indiana Jones.

Los Cazadores del Arca Perdida  y La última cruzada tienen antagonistas claros, ideológicos, históricos: los nazis. Hay una dimensión política, moral, casi pedagógica. En El Templo de la Perdición no. No hay nazis. Hay colonialismo, sí, hay un trasfondo incómodo, incluso problemático. Pero no es el motor central del relato. El Templo es una aventura por la aventura misma.

Cuando arranca la película, Indiana Jones no necesita presentación. Ya lo conocemos. Sin embargo, es un film donde claramente atraviesa el camino del héroe completo. Más allá de los pasos teóricos que describe Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, esta es la entrega que aborda de manera más poética la idea del héroe que desciende a los infiernos para volver con una salvación comunitaria. Es simbólica y concreta: Niños liberados. Un pueblo rescatado. Un mal erradicado.

Pero no es solo eso lo que convierte a El Templo de la Perdición en un canon casi definitivo del cine de aventuras. Lo verdaderamente fascinante está en cómo se narra ese viaje.

A veces parece que aplicar una estructura es suficiente para que una historia funcione. Como si bastara con marcar los hitos correctos y listo. Steven Spielberg se encarga de hacer parecer eso fácil. Y no lo es. Para nada.
Acá, el maestro de maestros construye un efecto dominó de beats: cada escena provoca la siguiente, cada conflicto genera uno nuevo, cada resolución abre una puerta inesperada. La historia se complejiza escena a escena mientras el espectador se pregunta, una y otra vez: ¿cómo va a salir de esta?

Y lo fantástico —en todos los sentidos— es que Indiana Jones sale siempre de manera verosímil. No solamente creíble, sino inevitable. Las soluciones no parecen trampas del guion, sino consecuencias lógicas de lo que ya estaba en juego. Cuando ocurre, sentimos que no podía haber pasado de otra forma.

En El Templo, Spielberg incluso parece reducir sus grandes coreografías de cámara. O, para ser más precisos, las vuelve invisibles. La puesta no se impone: fluye. Desde el guion hasta el montaje, la película nos lleva de las narices por una aventura que se siente predestinada, como si el destino de los personajes avanzara empujado por una corriente de agua imposible de detener, con un único cauce posible.

Lograr eso es, probablemente, una de las tareas más difíciles que existen al narrar. Por eso hay que volver una y otra vez a Spielberg. No para copiarlo, sino para aprender —aunque sea un poco— de ese despliegue magnífico de recursos, intuición y precisión que pone en juego cada vez que decide contar una aventura.

Porque cuando la aventura es pura, cuando habla desde el género y no solo a través de él, el cine alcanza algo muy cercano a la perfección.


¿Querés saber sobre mis SEMINARIOS Y WORKSHOPS?

SI

NO


Si querés consultarme o necesitás acompañamiento para tu guion, escribime y hablamos.


Suscribite a ESCRIBE MONSTRUO ESCRIBE Guion de Cine Fantástico – (anti)Newsletter


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *