¿Es posible hacer género terror con la dictadura argentina? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Hay ejemplos? ¿Cuántos? ¿No debería haber un montón? ¿Qué se opone a que exista como un subgénero en sí mismo? ¿La teoría de los dos demonios? ¿La de los dos terrorismos? ¿La solemnidad? ¿El miedo real? ¿La imposibilidad de financiamiento para un proyecto así? ¿La autocensura? ¿El pacatismo? ¿El respeto?
Al menos una vez al año pienso en escribir una película de terror que transcurra durante la última dictadura argentina. Generalmente llamo al proyecto “Terror 1976”. Imagino inicios, parto de historias reales, invento otras, me entusiasmo, anoto cosas, y finalmente abandono.
Me hago todas las preguntas de arriba después. Y creo que todas son válidas, porque la idea de darle forma cinematográfica al terrorismo de Estado en una sociedad que vuelve una y otra vez a plantearse la teoría de los dos demonios es, de mínima, difícil. Pero, ¿por qué no? ¿Por qué no romper con la solemnidad? ¿Por qué no enfrentarse a construir una historia tan terrorífica que sea imposible no visualizar un solo demonio?
En definitiva el arte se trata de construir una metáfora y de que cada uno la complete con sus propios deseos, odios, bondades, miserias, y todo lo que acarree consigo. ¿Por qué no crear nuestro Drácula, nuestro Príncipe de las Tinieblas de nuestros mayores terrores sociales?
No creo que sea posible seguir esquivándole el bulto a esta cuestión. La literatura argentina también se lo debe, pero en definitiva lo viene trabajando desde antes que nosotros en el cine de terror. Será que para filmar tenemos que atravesar muchos pasos, y ahí entra el mercado y las (im)posibilidades para llevar a cabo proyectos sin una industria. Si nos metemos ahí, también deberíamos decir que sin los proyectos económicos iniciados en las dictaduras no habría falta de industria cinematográfica (entra tantas otras), pero eso ya es tema de quienes sepan de historia, sociología, economía y otras materias. Lo nuestro es el cine.
Sea como sea, nuestro cine tiene una gran deuda: hablar de sus propios terrores, darles forma como otros géneros lo han hecho a su manera (Aristarain a la cabeza).
Será cuestión de esperar a próximas generaciones, sentados, y ver qué tienen para decir al respecto, o de que nos embarremos en nuestros miedos y miserias para hacerlo de una vez por todas.
Interesante el debate. Creo q pecamos de solemnes. En cualquier lugar del mundo con similares atrocidades se hicieron, hacen y harán esas películas.
Muchos directores y o guionistas q nos gustan son los que “se rebelan” a cierta moralidad social reinante.
Falta un canchero q filme a una Scream queen matando de un hachazo a un Astiz al final de la película…
Excelente idea, Soria
Una de las películas que se hicieron de la dictadura es Sudor Frío, la historia se trata de que dos ex generales en función en los años de las Juntas, se dedican a asesinar personas, atraen gente prometiendo algo vía MSN (película del año 2010). La verdad la recomiendo, mantiene un buen nivel de tensión durante toda la película, entre otras cosas porque tienen que manejar Nitroglicerina en varias oportunidades, ¡qué gran elemento que pusieron en este film, la Nitroglicerina!, cuánta acción y terror que aporta este elemento a las películas, igualmente otras sustancias peligrosas que si bien no están en esta película está bueno traerlas a la mesa (ácidos fuertes, soluciones altamente corrosivas), la Nitroglicerina si se la mueve bruscamente explota y hay mucho de eso en esta película…
Saludos
Si, sin dudas SF se mete en esa cuestión. Del querido AG Bogliano. Yo me refería a imaginar el terror en el moento específico de la dictadura, de forma contemporánea. Pero excelente acotación la tuya. ¡Abrazo y gracias por leer!